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CRITICA OPERACIÓN E (61%)



   El mundo entero espera que, gracias a una operación especial, las FARC liberen a un niño. Lejos de las cámaras, un campesino, para sobrevivir y mantener unida a su familia, lucha en solitario contra gobierno y guerrilla para salvar su vida, la de su familia…y la del niño.  

   Prácticamente el 90% de la película Operación E son los hechos reales sufridos por el campesino José Crisanto, José Crisanto es Luis Tosar. No vamos a descubrir desde estas líneas la capacidad interpretativa de Tosar (Los lunes al sol, Te doy mis ojos, Corrupción en Miami) pero, una vez más, demuestra que es un titán interpretativo. Compone un personaje (con la ayuda del propio José Crisanto) que lleva la película a otro nivel emocional (el acento colombiano, los gestos, la mirada….). Tosar es sin dudarlo uno de los mejores intérpretes actuales y lo demuestra con este cambio de registro (alejándose completamente de los roles oscuros que ha interpretado últimamente) y aguantando el peso de una película tan compleja como ésta sobre sus hombros.

   El hispano francés Miguel Courtois (G.A.L., El Lobo) dirige la historia de manera realista, documental en muchos momentos, manteniendo en todo momento un gran pulso narrativo y haciendo un gran uso de los elementos naturales como elementos principales de la historia (las ciudades, las gentes, la selva, etc…). Se nota demasiada contemplación en la forma en la que Courtois filma la película y eso reduce, en parte, la calidad del producto final.

   Como elemento más flojo de la película se sitúa el guion de Antonio Onetti (El lobo, G.A.L.). No tanto por la historia, que impacta y cautiva de forma desgarradora por si misma, sino porque el poso que deja la película es que durante 100 minutos te han estado machacando en el ring, pero en el último asalto, al final, no te han noqueado”. La historia por sí misma es tan dura e impactante que el “suavizarla” o “digerirla” para el público le quita parte de esa dureza y fuerza que la hubieran ayudado a mejorar el conjunto.

   Una muy buena propuesta de cine social y comprometido, que acercará al gran público un conflicto tan cercano y desconocido como el que sufren los ciudadanos colombianos que deben someterse ante la fuerza y el poder de los terroristas de las FARC.

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CRITICA INVASOR (55%)



   El cine de acción no suele prodigarse demasiado en nuestra filmografía ya que es un cine con unos costes muy altos y que requiere de mucha financiación. Uno de los pocos directores que se han arriesgado en este género es Daniel Calparsoro, que ya en 2002 dirigió la fallida Guerreros.

   Tras un tiempo dedicado a la televisión (¿falta de financiación?), Calparsoro vuelve al cine con ésta arriesgada propuesta. Invasor es una película de acción que funciona muy bien (toda la parte de Irak que es excelente y es donde el director se maneja mejor) pero que se convierte en un thriller que no sabe por donde salir (sobretodo porque no se sabe muy bien como ha llegado ahí), con la llegada de los militares a España.

   El guion de Javier Gullón (Hierro, El rey de la montaña) y Jorge Arenillas (Historias para no dormir) hace más que aguas por todas partes. Está lleno de incongruencias y saltos que no tienen ningún sentido y que denotan un intento de copia (a todos los productos estadounidenses que nos llegan) que es completamente fallido (el falso patriotismo, el personaje de Elejalde, la relación entre los personajes principales) por no saber dotarle de personalidad propia (el vestuario de Elejalde???).

   La cinta está protagonizada por un sobrevalorado Alberto Ammann (Lope, Celda 211) y un desaprovechado Antonio de la Torre (Primos, Balada triste de trompeta), en roles secundarios aparecen un perdido Karra Elejalde (Los sin nombre, Airbag) y una Inma Cuesta (Primos, La voz dormida) que hace lo que puede con el papel que le han dado. Aunque interpretativamente la cinta debería funcionar, el irrisorio guion hace que los personajes queden completamente desdibujados e incluso a veces caigan en sinsentidos (las pasadísimas reacciones de Elejalde casi en cada momento de la película).

   El apartado técnico es dónde la película más luce y destaca, puesto que tanto la vistosa y efectiva fotografía que usa Daniel Aranyó (Tres metros sobre el cielo, Los últimos días) como la siempre excelente música de Lucas Vidal (El enigma del cuervo, La fría luz del día) ensalzan el resultado del producto y mejoran su factura notablemente.

   Invasor deja claro que la clave SIEMPRE es un buen guion y que sobre él hay que desarrollar cualquier producto, más si cabe cuando en televisión se hacen series con la calidad de Homland. que deja en pañales un producto de éstas características.

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CRÍTICA GRUPO 7 (76%)

ESTRENO 04/04/2012

   España. 1987. Quedan cinco años para que de comienzo la Exposición Universal en Sevilla. Dentro del cuerpo de la policía se crea el “Grupo 7”, una unidad encargada de erradicar la venta de droga pero, ¿a cualquier costa?. El sevillano Alberto Rodríguez (After, 7 Vírgenes) rueda su quinta película que presenta como denominador común en todos sus trabajos tomar Sevilla como única localización y trabajar junto a Rafael Cobos en el guión (a excepción de “El Traje” y “El Factor Pilgrim”). “Grupo 7” se une a esa lista que poco a poco se va llenando con títulos como “Celda 211”, “Eva”, “Verbo”, “Chico y Rita”…que ambiciona, y lo consigue, mirar el cine que se hace fuera, no sólo el americano sino galo o italiano por tener referentes más cercanos, y estar en igualdad de condiciones para que el espectador pueda comparar.

   Hace un par de semanas se estreno “Cuenta Atrás” un thriller ambientado en Francia, con múltiples persecuciones, pero con la peculiaridad de buscar no tanto las localizaciones clásicas como podrían ser la Torre Eiffel o los Campos Elíseos sino otras más desconocidas entre las que primaban callejones y calles recónditas. Alberto Rodríguez con una factura impecable, aplica lo mismo en Sevilla. La fusión que sale de juntar la fotografía del ganador del Goya Alex Catalán (También la Lluvia, Camino), la edición y el uso de Scope como formato de rodaje nos dan una visión de la ciudad totalmente diferente. Rodríguez ya había relatado los suburbios en “7 Vírgenes” o “After” pero sólo hay que ver la secuencia con que arranca la película para ver a un director mucho más maduro en lo que a técnica se refiere, gran combinación de grúa + Scope al compás de la contundente banda sonora de Julio de la Rosa (Primos, Carne de Neón).

   “Os creéis los hombres de Harrelson”. Con esta frase extraída de la película se puede resumir el espíritu del grupo 7. Antonio de la Torre (Primos, Gordos), Mario Casas (Mentiras y Gordas, A Tres Metros sobre el Cielo), José Manuel Poga y Joaquín Núñez, sus integrantes. El guión hace un dibujo muy fino en cada uno de ellos profundizando algo más en las historias de De la Torre, inmenso, y Casas, actor con una interpretación muy irregular, esto es, calmado me lo creo pero cuando se encara, no.

   El guión se construye utilizando el “teaming-clock” de la llegada de la Expo y esto se concreta en introducir infografía explicita del pasar de los años. La historia presenta como principal virtud el presentarnos un thriller de ritmo apabullante que se lo otorga el cuidado montaje así como el empleo de recursos de cámara (véase esa cámara girando en torno a Mario Casa que acaba con éste gritando: somos el grupo 7) que hacen atractiva la película. La trama principal como thriller de acción funciona a las mil maravillas pero es en las subtramas, en las relaciones personales, donde cojea. La historia de Antonio que recoge a una chica de la calle o la pareja Casas/Cuesta es difícil de creer a la par que vista en muchas cintas del género. También se echa en falta en un cinta que predomina una violencia cruda y seca (en esto De la Torre es un monstruo) un clímax con más garra, emocionante. Que grande la escena en que es obligado a los polis salir de un poblado de yonquis de rodillas y en donde pensaba que la función estaba a punto de concluir. El final no es malo pero no hacer honor a lo sembrado.

   “Grupo 7” hace que el cine patrio arranque el año con más fuerza que nunca. Cinta de género para un director de esos que conviene tener apuntado su nombre y no olvidar. Ojito.

F.J (@Rocabay)

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INDOMABLE

ESTRENO 02/03/2012

   Si acuñamos el término artesano en el mundo del celuloide a la persona que controla todo el proceso de creación y ello refleja un indiscutible sello personal, para bien o mal el ganador del Oscar Steven Soderbergh (Trilogía Ocean´s, Traffic) es uno de los pocos que aún se mueven en la línea de un cine comercial pero sin rechazar un evidente gusto estético. Acostumbrado en múltiples proyectos a compatibilizar las labores de dirección/fotografía (utilizando el seudónimo de Peter Andrews) en Haywire también lo hace de la edición (como Mary Ann Bernard) logrando que los escasos 23 millones de presupuesto que ha necesitado para esta cinta de acción brillen en sus abundantes secuencias acrobáticas, en su mayoría realizadas por los propios actores. Lastima que el guión de Lem Dobbs (Dark City, The Score) sea un refrito del género y tenga en su casting actores poco a nada inspirados como Antonio Banderas (Oro Negro, La Mascara del Zorro).

   En “The Girlfriend Experience” contrato a la actriz porno Sasha Grey para narrar en forma de falso documental que se esconde detrás de las chicas de alto standing que venden su compañía a cambio de altas sumas de dinero. El resultado fue sumamente estimulante tanto por la temática como la cuidada puesta en escena. Ahora coge a la campeona de lucha libre Gina Carano con apenas experiencia en cine y la pone al frente de este proyecto que juega con la premisa de “agente cazado que busca al cazador” pero en su versión más simplona. Carano se mueve bien en un personaje que es más físico que psicológico, de ahí que Soderbergh la haya escogido. El resto de casting es bueno: Michael Douglas, Ewan McGregor, Channing Tatum, Michael Fassbender o el gran Bill Paxton pero podemos estar hablando más de cameos por su escasa aparición en pantalla que de papeles. Reunión de colegas para hacer algo juntos. El que me asombra es Antonio Banderas, un actor que sin ser excepcional se ha sabido mover por proyectos como “La Mascara del Zorro” o “Femme Fatale” pero que ahora en escenas como la de Marbella parece haber perdido el rumbo de su carrera.

   “Un Romance muy Peligroso” o el estupendo díptico que hizo sobre el Che, Steven Soderbergh rueda bien las puntuales secuencias de acción. Ahora estamos en una cinta de hora y media donde la acción casi no decae. El trabajo de montaje y sonido están muy cuidados, me quedo en la secuencia del rescate de un rehén donde el sonido directo es suprimido por el soundtrack, y debido al bajo presupuesto las peleas denotan un trabajo de planificación previa de storyboard por la precisión con que es colocada la cámara. Estimulante. Habitual en la filmografía del director, se vuelve a hacer uso de rótulos para situarnos así como una gran variedad de dominancias cromáticas dependiendo de la localización. La música de David Holmes (Zoolander, Código 46) recuerda demasiado a la trilogía Ocean´s (véase la secuencia en Dublín).

   A pesar de las carencias evidentes en su estructura, Haywire es cine de acción rodado por alguien con un indiscutible gusto estético que amenaza con una jubilación anticipada. Toco madera para que esto no ocurra.

F.J (@Rocabay)





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KATMANDÚ, UN ESPEJO EN EL CIELO





   Aunque no es su primer proyecto internacional, recordemos que suya es También la Lluvia, cinta estrenada en 2010 rodada íntegramente en Bolivia y con 13 nominaciones a los Goya entre ellas a la mejor dirección, podemos decir que es la primera producción española de ficción rodada en el Himalaya (Katmandú, Bhaktapur y Mustang) así como que gran parte del equipo artístico y técnico son nativos de la zona incluyendo 3000 personas entre extras y figuración. Así se presenta el sexto trabajo de Icíar Bollaín (Te doy mis ojos, Mataharis) donde se nos narra la historia de Laia, una profesora catalana que se desplaza al Himalaya a trabajar en una pequeña escuela local. Conocerá entonces un país en donde la columna vertebral por el que se rige son sus ancestrales tradiciones, unido a la inmensa pobreza que lo baña. Todo ello chocará de frente con ella y le hará cuestionarse muchas de sus ideas. 

   Toda la historia está narrada bajo el punto de Laia, papel que recae en la actriz madrileña Verónica Echegui (doblemente nominada al Goya por Yo soy la Juani y El patio de mi cárcel). Verónica aporta tal credibilidad a su personaje que se convierte en uno de los puntos más fuertes de este título. A un servidor le chocó un poco al principio el hecho de oírla hablar en inglés, idioma en el que ha sido rodada la película, pero creo que es un acierto cuando ves a la actriz conjugar el idioma anglosajón con el español, que lo consigue de una manera muy natural. Ello aporta credibilidad y carácter al personaje. Además, Echegui construye un personaje que llora cuando tiene que llorar (fantástica esa escena en la que Laia descubre el nombre de una niña de la escuela), grita cuando tiene que gritar (esa escena bajo la lluvia acompañado de un grito desgarrador del que somos testigos a través de una ventana) o sonríe cuando debe hacerlo (la manera de construir el rito de la boda a través únicamente de miradas). 


   La linealidad con el que está narrado el discurso se quiebra con la inserción de dos únicos pero importantísimos flashback que justifican ciertos comportamientos de la protagonista. Con estas dos retrospecciones entendemos que pueda llegar a tomar decisiones tan importantes como son casarse con un nativo en un país en donde es el hombre el que debe conceder el divorcio a la mujer. Incido tanto en este recurso narrativo porque sin el, el detonante de la historia (el que ella decida casarse) al menos a mi me parecería inverosímil. 


   El guión que escribe la propia Icíar vértebra en dos temas: El trabajo de Laia en la escuela y una crítica social a determinados comportamientos social/culturales. El problema que yo le veo a este planteamiento es que ambos temas por si solos son interesantes, pero mezclados en una cinta que no llega a las dos horas se solapan y el resultado es una sensación de ver algo que gusta pero no emociona. Bollaín intenta contar dos temas que se podrían haber hecho películas independientes (y las dos tal vez buenas), pero que al ser juntados intenta abarcar todo y nada. Yo me hubiera quedado sólo con la fantástica historia de la escuela y hubiera suprimido tanto el personaje del esposo (incluyendo cuando acude a conocer a su familia) ya que me parece que frena a la otra historia. ¿Para qué el personaje del monje al que acude a pedir consejo?, ¿Por qué plantea una interesante subtrama que es esa en la que una niña desaparece de la escuela para luego diluirse y quedarse en nada?. ¿No hubiera sido más interesante desarrollar la relación de Laia con Sharmina, su ayudante en la escuela?. 


   Por otro lado, además de temas como la igualdad de la mujer, las diferencias sociales, las tradiciones, explotación infantil o el respeto a los mayores, en el guión subyace una defensa al aborto que me parece muy tramposa. Un tema lleno de matices como es ese, se nos plantea llevado al extremo, poniendo al espectador entre la espada y la pared y dejándole poco que decir. No sólo lo hace una sino dos veces. El tema y la manera de presentarlo es un tanto irrisoria, inverosímiles y creo que es una pena que plantee un tema tan controvertido de una manera tan simplista. 


   Bellamente fotografiado por Antonio Riestra (ganador del Goya por Pa Negre), jugando con hermosas composiciones en profundidad, Katmandú es una correcta película gracias sobre todo al trabajo que hace Verónica Echegui en una historia que gustará, pero no emocionará.




     
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