EL MONJE (2011)




   El Monje, no confundir con aquella cinta de 2003 donde veíamos a un Chow Yun-Fat (Tigre y Dragón, The Killer) pegando brincos, es la tercera adaptación que se hace de la novela homónima del inglés Matthew Lewis (1775-1818) escrita en 1796 y rodeada de una gran polémica cuando en el siglo XVIII se contaba la historia de Ambrosio, monje cisterciense que al nacer es abandonado y acogido en la puerta de un monasterio y como es tentado por Satanás para caer en los vicios del pecado. Como curiosidad decir que la versión que se hizo en 1972 figura entre los títulos de crédito Luís Buñuel (El Perro Andaluz, Los Olvidados, Viridiana) como guionista. El director alemán Dominik Moll se hace cargo de esta nueva revisitación de la novela que adapta junto a Anne-Louise Trividic en una co producción franco-española que a pesar de su cuidadísima factura nos intenta dar gato por liebre

   Toda la cinta esta bañada por una cuidadísima fotografía a cargo de Patrick Blossier (Days of Glory, La Camarera del Titanic). Solamente hay que ver la apertura de la cinta en un confesionario donde los actores entran y salen de las sombras con un Vincent Cassel (El Cisne Negro, Un Método Peligroso, Irreversible) que aguanta perfectamente un primer plano estático mientras enuncia sus discurso. Las localizaciones escogidas, Andalucía, Madrid y Navarra, hacen perfectamente la España del Siglo XVII, aunque a un servidor le chocó que en un monasterio situado a las afueras de Madrid se hable en Francés...¿cosas de las co producciones?. Las transiciones circulares que se usaban en el cine en blanco y negro para pasar de una escena a otro aquí resultan curiosas aunque sin ninguna utilidad práctica aparente a parte de, llamémosle, “look estético”. La música del recientemente nominado al Oscar Alberto Iglesias (El Topo, La Piel que Habito) apoya la puesta en escena y los actores, me chocó encontrarme a Javivi (Ninette, Haz Conmigo lo que Quieras), resultan creíbles en sus roles. Mención aparte para Cassel que construye un Ambrosio con una aparente fortaleza exterior tanto física como ideológica y como nos vamos dando cuenta de que no es oro todo lo que reluce. Además, mencionado antes, la capacidad que tiene de soportar un primerísimo primer plano (el que abre o cierra la película) llegando a conseguir que sea interesante. 

   Pero si la forma no está integrado con un buen contenido lo habitual es que la función no aguante. Es lo que le pasa al monje. La cinta, al igual que la novela, pretende ser una crítica en primer lugar a la Institución Eclesiástica y en segundo lugar a la represión sexual, la debilidad de la carne temas tratados frecuentemente por Buñuel y se ahí se deduce porque se encargó del guión de El Monje (1972). La diferencia es que Buñuel a llegado a ser quien es entre otras muchas cosas porque es rico en matices y sugerencias, dejando al espectador que saque conclusiones mientras que aquí, a parte de tener un ritmo excesivamente lento que creo que va en detrimento de la cinta, se opta por volverse explícito y hortera ( la escena de Vicent con sus alucinaciones o éste después de tener sexo…). La cinta arranca con una realización más o menos clásica donde predomina la cámara estática que acompaña a los actores mediante la panorámica, hasta aquí la cosa funciona, para una vez llegados al punto de giro se crea un empaque de imagenes solapadas, veladas...que intentan acompañar a la locura de Ambrosio y que lejos de conseguirlo, el resultado es logra la risa. Una vez que se ve de que se nos quiere hablar la película se estanca, se repite, aburre. Todo ello provoca que cuando se nos presenta esa pequeña sorpresa final, el espectador cansado de tiempos muertos, reacciona con un gesto de indiferencia.

   Si el mensaje hubiera estado a la altura del envoltorio con que se nos presenta tal vez podríamos estar hablando de un trabajo al menos interesante. Es una pena cuando ves a un actor tan entregado en una causa más bien perdida. 

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